
Dos años de amor y seis meses de luto, eso es lo que venía a recoger Alex. Se lo había guardado en una maleta, que amigablemente se llevaba hoy. Lo que él no sabía es que se iba a llevar un regalito que no iba a olvidar: mi venganza.
Habían sido seis meses de llanto, pensé que nunca le olvidaría, pero ahora me sentía fuerte, ahora que era poderosa, le haría pagar mis lágrimas. Y nadie mejor que yo le conocía y sabía como podía llegarle a lo más profundo. Se iba arrepentir de lo que dejaba fuera de la maleta.
Siempre había sido un tipo básico, no le excitaban las sedas y satenes, le gustaba ir al grano. El escenario estaba montado, a él le ponían los olores; le encantaban esas velas con distintos aromas; y la terraza de mi ático, esa en la que tantos momentos habíamos compartido, estaba iluminada con “sus velas”. Me vestí, por decirlo de alguna manera; una camiseta de tirantes blanca y unas bragas de algodón servían, y el perfume que siempre quería: feromonas. Así con el pelo mojado le estaba esperando para finiquitar esa tortuosa relación, que por fin hoy quedaría saldada.
Mientras contemplaba las vistas, apoyada en la barandilla, escuche la puerta ¡será sinvergüenza!, recordé que no me había devuelto las llaves el muy hijo de puta, ¡tranquilízate Penélope, tu plan no puede fallar!
-.Hola Penélope, ¿qué tal estas?, ¡te veo fenomenal!
-.Hola Alex, ya veo que estas aquí. ¡Que calor hace hoy! ¿Por qué no nos tomamos algo fresco? Anda ve a la cocina y trae algo de beber, agua fresca me vale.
Me recosté en una tumbona, esperando mientras controlaba mis nervios; la verdad, es que seguía estando igual de guapo que siempre, pero tenía que quitar esta idea de mis pensamientos, tenía que dominar la situación, de eso se trataba…
Alex me sirvió caballerosamente el agua con hielo, y se tumbo en la otra hamaca. Incorporándome y pasándome el vaso sensualmente por el cuello le pregunte:
-.Bueno Alex, ¿qué tal te va?
Alex, no paraba de mirarme, y yo saque los hielos de mi vaso y me los pase por el cuello.
-.Es sofocante el calor de las noches de verano ¿no te parece?
-.No se Penélope, te veo muy diferente, la actitud, el cuerpo…
-.Es que tenías razón, tantas veces diciéndome que tenía que ir al gimnasio y mira… Al final te he hecho caso, mira que culo se me ha quedado…
Tenía que ejecutar mi plan sin pensar en sentimientos pasados. Quería que se fuera con el recuerdo del mejor polvo de su vida que no volvería a echar conmigo. Así sabría valorar lo que había perdido por sus estupideces. La que mandaba era yo.
-.¡Pero fíjate que abdominales!, toca, toca, trae tu mano.
Viendo como Alex me deseaba, me senté sobre su abultado paquete, tome sus manos, y acariciando mis pezones, que el me pellizco, las baje por mis nuevos abdominales; la verdad es que me estaba volviendo loca, siempre lo había conseguido, y más ahora que me estaba bajando las bragas. Me quite la camiseta mientras me mordía, entrelazándome en su cuerpo, escuché como se bajaba la bragueta del pantalón, y a horcajadas buscaba que me penetrara. Ya lo tenía dentro de mí, con movimientos rítmicos, los que sabía que más le gustaban, le clavé las uñas en su atlética espalda hasta que le hice chillar de gusto y cayó sobre mis tetas.
-.Alex, ¿veo que te han gustado mis abdominales?, pues si no te importa recoge tu maleta que esta en la puerta y deja las llaves antes de salir.
-.Pero Penélope… ¡No me iras a dejar así!, ¿te puedo volver a llamar algún día?
-.No te preocupes corazón, siempre has sido un buen informático, cuando se me rompa el ordenador te llamo…
Y mientras le vi marchar, sin bragas me acerque a mi habitación, iría a buscar mi consolador, con él había acabado, pero conmigo… el trabajo estaba a medias.
By SUSANA ALVAREZ. Escritora creativa, colaboradora en DESátame Erótica.
“Yo siempre digo que soy cuentista… y otros cuentos”

