
Otoño, llueve, fin de semana y sin planes. ¡Cuánto me gustaría tener a alguien con quién acurrucarme en el sofá! Y encima las chicas han hecho planes. Marta se ha ido de viaje con el último amigo que conoció en no se qué bar, Candela ha quedado con su amiga fulanita que celebrába una fiesta súper fashion en no se donde… Y yo aquí, sola, aburrida y buscando unas velas. Porque para colmo, se ha ido la luz en todo el barrio y la compañía eléctrica no sabe cuando reanudará el suministro ¡¡ y no encuentro ni una maldita vela!!
¡Ya me acuerdo! Tengo que tener algunas velas de masajes. Con la lucecita que me proporcionaba el teléfono móvil, conseguí encontrar lo que andaba buscando. Justo estaba allí. Era una bolsa de un rosa fucsia intenso, el último regalo que me hicieron las locas de mis amigas por mi cumpleaños. La verdad es que cuando me lo regalaron no lo presté mucha atención, no me podía imaginar lo útil que me podría llegar a ser…
Encendí las velas. Mi habitación quedó envuelta en una acogedora luz. Desprendían un agradable aroma cargado de sensualidad lleno de pinceladas de sándalo. Rebuscando en aquella bolsa, que por primera vez me percaté de que era de seda; descubrí poco a poco su contenido…
Saqué un precioso conjunto de lencería. El sujetador se deslizaba por mis dedos enredando el fino encaje. Me quité apresuradamente la camiseta de algodón y me lo probé. ¡Como pensaba! Me encajaba como un guante, me hacía unas tetas impresionantes. ¡Qué ojo tienen mis chicas! Además como son generosas por naturaleza, la bolsa estaba llena de sorpresas; pero me llamó la atención un masajeador.
Quizás por el ambiente afrodisíaco de las velas y su aroma, o la excitación que estaba provocando todo aquello, no lo dude, me tumbé en la cama y decidí pasar la noche conmigo.
Sin bragas, ¡y mira qué eran bonitas las que completaban el conjuntito! Empecé con el juego…
Sólo de pensarlo notaba la humedad dentro de mí. Me pasé el masajeador por los pezones, e inmediatamente, noté como se me escapaban entre el delicado entramado de encaje, las ganas de sentirme, crecían en mi interior…
Bajé con el aparatito; hice círculos alrededor de mi ombligo, e instintivamente arqueando mis rodillas subí mi pelvis buscando aquel masaje de placer…
Jugando alrededor de mis ingles cambié la intensidad de los suaves toques. La verdad es que era un aparato bastante inteligente, se ajustaba a la perfección a mis necesidades; y con golpecitos más rápidos empecé a acercarme a mi clítoris que latía con deseo mientras que me pellizcaba con la otra mano mis pezones erectos…
Creí que iba a reventar de placer, aquello era mejor que un spa. Arqueando la espalda y sin poder controlar los espasmos de gusto que me estaba provocando aquello caí rendida apretando mis piernas para no dejar escapar nada de lo que me estaba quemando las entrañas. Tapándome la boca con una almohada para ahogar el chillido de gusto con el que llegué al orgasmo, escuché como retumbaban unos fuertes truenos de una tormenta que se desencadenaba en la calle…
Flojeándome las piernas, me levanté y apagué las velas, me metí en la cama con una sonrisa boba. Estaba encantada de pasar la noche conmigo; y además sabía que me quedaban por descubrir muchas cosas en mi bolsa rosa fucsia…
By SUSANA ALVAREZ. Escritora creativa, colaboradora en DESátame Erótica.
“Yo siempre digo que soy cuentista… y otros cuentos”


Ese es mi cuento muchas noches….