UNA NOCHE CONMIGO
Creí que iba a reventar de placer, aquello era mejor que un spa. Arqueando la espalda y sin poder controlar los espasmos de gusto que me estaba provocando aquello caí rendida apretando mis piernas para no dejar escapar nada de lo que me estaba quemando las entrañas. Tapándome la boca con una almohada para ahogar el chillido de gusto con el que llegué al orgasmo, escuché como retumbaban unos fuertes truenos de una tormenta que se desencadenaba en la calle…